
“Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homoxesual, soy un genio”. La frase le corresponde al escritor y periodista norteamericano Truman Capote (su verdadero nombre es Truman Streckfus Persons). Acabo de leer “A Sangre Fría”, que resulta siendo su trabajo más celebrado. Esta novela-documento resulta un referente para cualquier periodista que viva su profesión y la encarne en los huesos con pasión.
No por tener algunos aspectos pocos normales, Capote no deja de ser brillante. La novela, que publicó en 1966 tras cinco años de intensa investigación, cuenta el suceso real del asesinato de la familia Clutter. En cuanto salió al mercado, el libro vendería más de trescientos mil ejemplares, lo cual no era para menos.
Por ese motivo y por la importancia de esta obra y del autor es que me animo a reseñar en este espacio en la internet pasajes de la vida de este connotado periodista y de la forma como se escribió “A Sangre Fría”, que dicho sea de paso, ha sido llevada al cine pero con otro nombre.
Todo empezó en noviembre de 1,959, cuando Truman Capote leyó en el New York Time” la noticia del asesinato de la familia Clutter en un pueblecito de Kansas. A Capote no le impresionó el asesinato en sí de aquellas cuatro personas (el padre, la madre y dos de sus hijos), sino el efecto que provocó este terrible acontecimiento en una comunidad tan pequeña y aislada como Holcomb.
Desde un principio pensó en escribir una obra acerca de la ciudad y de la familia, sobre cómo habían vivido. Con la aprobación absoluta de su editor, decidió trasladarse a Kansas para comenzar su investigación.
Cuando llegó a Kansas se encontró con un ambiente ensombrecido por el miedo y la desconfianza. Con la primera persona con la que habló fue con Alvin Dewey que supervisaba la investigación del caso y al que no le causó muy buena impresión al principio (como al resto de los habitantes de Holcomb).
La presencia de los periodistas era incomoda por ese entonces en este poblado. Sin embargo, Capote no tardó en ganarse la confianza de todo el mundo al punto d que su personalidad arrolladora, lo convirtió en la atracción de todo el pueblo.
En una entrevista, y de manera sarcástica, Capote dijo: “Al principio fue duro. Pero ahora soy casi el alcalde”. Sin lugar fue muy astuto para ganarse la confianza de la gente. Durante sus averiguaciones no tomaba notas porque eso ponía nerviosa a la gente. Se valió de su memoria excepcional. Al principio, Capote pensó que sólo se iba a tratar de un relato breve, que quizás no iba a tener tanta trascendencia, pero un acontecimiento muy importante cambió el rumbo de su obra: la detención de los asesinos, Perry y Dick.
La obra se encontraba a la mitad cuando ocurrió esto. Entonces Capote, como buen periodista, no sólo reconstruyó la vida de los asesinos tan exacta, sino también la de las víctimas. Es así que se teje este proyecto tan ambicioso: “A Sangre Fría”.
Cuando fueron condenados los asesinos fue determinante la confesión de ambos, que en muy poco diferían y otras pruebas, como las huellas de las botas y el arma del crimen que fue encontrada también.
Para hacer realidad este boom literario-periodístico Truman decidió irse a Europa a escribir su libro. Esto debido a que su apretada agenda social le impedía concentrarse a plenitud. “La vida social es enemiga del arte”, diría poco después.
Durante su estancia en el extranjero, Capote mantenía correspondencia con los asesinos, con Cullivan (un amigo de Perry) y con Al Dewin. Así logró conocer muy a fondo a estos dos condenados a muerte, que se confiaron a él, contándole sus preocupaciones, sus pensamientos, sus sentimientos.
Realmente se llegaron a hacer amigos, y sobre todo con Perry con el que Capote se sentía muy identificado. Esto debido a que ambos compartían muchas características: su escasa estatura, los dos habían tenido una madre alcohólica, la ausencia del padre y hogares extraños. Además de ello ambos eran ridiculizados de pequeños. Truman por su afeminamiento, y Perry por sus rasgos indios y porque se orinaba en la cama.
En fin, habían sido criados sin orientación y sin amor. También el autor se documentó hablando con un psiquiatra, que le ayudaría a desentrañar la psicología de los homicidas. Es por eso que en su obra consigue caracterizarlos de forma casi exacta.
Los conocía tan a fondo que se pudo permitir el reproducir situaciones y conversaciones en las que no estuvo. “Los conocía tan bien como me conozco a mí mismo”, dijo en su oportunidad l escritor.
Tanto se identificó el autor con estos dos personajes que no pudo contener las lágrimas tras la ejecución y no sólo eso sino que tras escribir “A Sangre Fría” toda su vida terminó por derrumbarse. “Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él”, manifestó el periodista que escribió esta obra con desbordante vitalidad. Sus problemas personales se agravaron, y su salud física y mental sufrieron un empeoramiento, del que ya nunca podría recuperarse y que culminó en una fatídica muerte en 1,984.
La obra de Truman Capote es brillante porque en lugar de sacar los personajes y las situaciones de su imaginación, los tomó de la vida real. De allí que muchas veces la realidad supera a la ficción, pero sobre todo da libertad para yuxtaponer acontecimientos en busca de efectos escenográficos, para recrear largas conversaciones, incluso para penetrar en la mente de sus personajes y referir lo que piensan.
“A sangre fría” podrá estar escrita como una novela pero refleja la realidad de los hechos hasta el más mínimo detalle. Después de publicada la obra hubo varios reporteros que viajaron a busca de errores, pero no encontraron nada. En definitiva esta obra maestra de Capote, fue pionera en un nuevo campo: una novela entre la literatura y el periodismo. En el libro la combinación de las técnicas periodísticas con las literarias es impresionante. Capote consigue no sólo que el lector tenga aprecio por los Clutter, sino también, y lo que es más difícil, con los asesinos. Uno se familiariza tanto con ellos, que realmente puedes llegar a sentir lástima como se puede tener hacia cualquier otra delincuente que muchas veces son víctimas de sociedades injustas. Y es que el libro realmente te hace reflexionar bien sobre este tema tan espinoso que es la pena de muerte que se aplica en algunos países. En definitiva, como dijo Capote “no murieron cuatro personas en aquel crimen; fueron seis”.
NADA ES PERFECTO
Lamentablemente en esta vida nada es perfecto y Capote no lo fue a pesar de ser un genio. El autor de “A Sangre Fría” fue un Reimon Manco (futbolista peruano) de la literatura y el periodismo. A los 17 años ya era un consumado periodista: trabajaba para la revista The New Yorker. Con 21 años abandona la revista y publica un relato -Miriam- en la revista Mademoiselle, que se hace acreedor al Premio O"Henry.
A los 23 años, publica su primera novela, “Otras voces, otros ámbitos”, una de las primeras en las que se plantea de forma abierta el tema de la homosexualidad. Otras novelas suyas serían: El arpa de hierba (1951) y Se oyen las musas (1956), además de la famosa Desayuno en Tiffany's (1958), que también sería adaptada al cine por Blake Edwards, con Audrey Hepburn en el papel de Holly Golightly.
Según sus propias palabras, empezó a escribir para mitigar el aislamiento sufrido durante su infancia, pero su depresión lo llevó a un proceso de autodestrucción, dependiendo cada vez más de los fármacos que, combinados con el alcohol, deterioraron su salud y sus relaciones con todos sus amigos, hasta morir por sobredosis en 1984.
Truman, la madrugada del 25 de agosto de 1984, llenó sus vísceras de diferentes fármacos: Valium, Dolantin, Codaína, Tilenol y otros barbitúricos, para esperar lentamente, un amanecer largamente acariciado.
Y es que como diría Capote: “Cuando Dios te da un don, también te da un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse”. A Truman le interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar y hacer dibujos.
Todas esas actividades eran su refugio de las penurias que vivió en su infancia. A su padre no volvió a verlo, su madre se convirtió en alcohólica y violenta. A los comienzos de su adolescencia se lanzó a un mundo que tal vez lo acogió con aplausos, pero en el que se hundió en la promiscuidad sexual, el abuso de las drogas y el abandono de su dignidad personal. Su vida resulta irónica. Ganó dinero, tuvo propiedades en varios lugares del mundo, se codeó con grandes personalidades, escaló fama en el cine y bebió del vaso de la gloria… pero no fue feliz.
Lo que si no hay dejar de lado es que su estilo fue propio. "Los escritos más interesantes que realicé consistieron en sencillas observaciones cotidianas que anotaba en mi diario. Extensas transcripciones al pie de la letra de conversaciones que acertaba a oír con disimulo. Habladurías del barrio. Una suerte de reportaje, un estilo de ver y oír que más tarde ejercitaría verdadera influencia en mí, aunque entonces no fuera consciente de ello...", diría alguna vez.
Convencido de que no había nada innovador en la literatura desde 1920, Capote creía que el periodismo podía constituir una opción válida como forma literaria, algo que tuviera la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa y la precisión de la poesía.